Mis primeras espontáneas
Como algunos de ustedes saben, soy muy nuevo en esto de la fotografía y soy autodidacta. El fin de semana pasado me aventuré a la fotografía espontánea, o candid photography, y obtuve un par de fotos que me gustaron.
Una fotografía espontánea es aquella donde los sujetos no saben que están siendo fotografiados. El fotógrafo trata de capturar la espontaneidad. En este tipo de fotografías no se vale pedirle a tus amigos que posen para la foto o que digan “chis”. Normalmente, los sujetos no tienen por qué voltear a la cámara, pues no se están dando cuenta que ya mero tomas la foto.
La fotografía espontánea me gusta porque captura momentos que dicen historias. El viejo dicho se vuelve muy cierto “una imagen habla más que mil palabras”.
Para lograr fotos espontáneas puedes poner tu cámara en modo retrato, el modo que tiene una figurita de una persona — a veces enfrente de otra. El modo retrato suele abrir la apertura usando un F-Stop grande para barrer el fondo y dar énfasis en la persona; si tu cámara no trae esas configuraciones pero te deja controlar la apertura, vete por los números más grandes como F/4.0 o mayor (o sea, F/3.2, F/2.8).
Si tienes zoom en tu cámara, úsalo y acerca lo más que puedas; esto te va a permitir que te alejes lo más posible y que el sujeto no esté muy consciente de que tú le quieres tomar una foto. Si cuentas con una (D)SLR puedes intentar con tus lentes telefoto. La clave está en que no se den cuenta que les vas a tomar la foto.
Una buena aplicación para la fotografía espontánea son las fiestas. Es tíííípico que en las fiestas ponemos a nuestros amigos a posar. No digo que lo dejemos de hacer, pero podemos probar fotos espontáneas. Estoy seguro que si logras al menos una de ellas de tus cuates, en lugar de que la foto se quede en algún buzón de correo electrónico o en los discos duros, va estar impresa y en un marquito en sus escritorios u hogares.


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