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Sufrimos porque queremos

Es difícil a veces tratar con personas. En un mal día, simplemente te desesperan. Nuestra primera reacción puede ser aversión y enojo. Inmediatamente el ego hace su trabajo y empieza a justificar tu cólera y a provocar más enojo y más aversión.

Pero ese mismo ego que te protege, te hace sufrir. El ego te hace pensar que si otra persona actúa de una u otra forma es porque algo no le gustó de ti; algo hiciste tú que no le pareció a la otra persona. El ego se encarga de situarte siempre en el centro del universo y de buscarte el papel de protagonista en cualquier historia en la que te veas involucrado.

Dicen que ante esos enojos hay que colocar un momento de pausa antes de reaccionar con un arranque de cólera. Cuando estés consciente, después de haber escuchado todo lo que te dice el ego, ahora sitúate fuera del centro del universo y observa silenciosamente. Quizá te ilumines cuando te des cuenta que tú no eres el centro y quizá dejes pasar los enojos y detalles y puedas mirar con compasión a los demás que no se han dado cuenta que sufren.

Algo así nos pasó en el coro — me ha enseñado tanto y sin querer. Llegamos a un punto donde estuvimos a segundos de estallar. Sentimos que nos faltaron al respeto, que no valoraban nuestro trabajo, que de qué servía lo que estábamos haciendo, que tenía muchas ganas de hacerme escuchar… Sin querer queriendo — a la Chespirito — tuvimos una pausa obligada y enseguida quisimos pensar un discurso para la próxima reunión para hacer sentir nuestro enojo.

Después de haber escuchado al ego, nos cayó el veinte de que si el discurso ataca directamente a la persona en cuestión no se va a lograr nada bueno. Nadie reacciona bien ante una crítica cuando ésta va con enojo porque el ego de la otra persona se enciende y empieza a defenderlo; lo único que sucede es que tienes a dos bandos defendiendo puntos absurdos y la discusión no llega a ningún lado.

Todavía no sabemos qué vamos a hacer o si vamos a hacer algo. Lo que sí sé es que el enojo ha pasado y con una mente fría me doy cuenta de varias cosas.

  • Es impresionante cómo te aflijes por tus puros pensamientos y cómo estos pensamientos fortifican a las emociones: eso es sufrimiento (cuando las emociones son negativas).
  • No se trata de perder a un familiar o de que te corten una pierna para sentir el sufrimiento. El sufrimiento es tan simple, tan cotidiano que se ha vuelto tan sutil y tan imperceptible.
  • Tú crees que la otra persona “te hace” enojar pero el que se enoja eres tú… en muchas ocasiones la otra persona simplemente es como es y no tiene la intención de querer hacerte enojar. Claro que hay veces que sí hay intención pero eso es harina de otro costal.
  • Para el punto anterior, si nosotros somos los únicos enojados…. nosotros somos los que creamos los pensamientos que reenforzan nuestras emociones… ergo: ¡sufrimos porque queremos!

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